Por La Jornada Morelos
Fernanda Isabel Lara Manríquez
Mientras investigaba lo atroz de dicho método de extracción de hidrocarburos no convencionales para mi tesis de licenciatura me invadía la angustia de lo pequeñas que resultan a veces las luchas sociales (en su mayoría encaminadas por indígenas) en defensa del medio ambiente, de las culturas originarias y de la vida misma frente a gigantes transnacionales que concentran millones de dólares en sus activos, a su vez producto del despojo histórico del sur global.
Frente a la reforma energética de Peña Nieto (2012-2018) el mayor miedo era la llegada del fracking a nuestro país, y aunque oficialmente no se encontraba legislado, sí había ya experiencias semi clandestinas de esta actividad, sobre todo en el norte del país. No obstante, y contrario a lo que toda lógica puede suponer, no sería en el gobierno neoliberal de Peña Nieto en el que se instalaría oficialmente esta técnica, su entrada sería hasta la llegada de un gobierno que se autoproclama de izquierda y que niega ser neoliberal, el de Sheinbaum (2024- 2030). Parecería que Peña Nieto preparó el terreno constitucional para que la cuarta transformación se llevara la corona neoliberal del fracking. A pesar de las diferencias en las reformas energéticas de AMLO y de Peña Nieto en papel sobre una participación mayor del Estado en la primera y una ampliación de participación de empresas extranjeras y privadas en la segunda, la práctica parece mostrar un contexto neoliberal idéntico sobre el manejo 1/8 de los hidrocarburos nacionales desde 2012 hasta la actualidad a pesar de “la transformación” política y a pesar de las horas de crítica dedicadas por parte de AMLO hacía la fractura hidráulica, ya no hablemos del huachicol fiscal.
El libro 20 mitos y realidades del fracking (2014, pp. 17), menciona que ésta es una técnica que extrae el crudo atrapado en las rocas desde hace millones de años. Inyecta a altas presiones agua, arena y productos químicos a las formaciones rocosas ricas en hidrocarburos, a fin de incrementar su permeabilidad y, con ello, mejorar la extracción de estos.
Con esta técnica se pueden extraer hidrocarburos convencionales y no convencionales, los más preocupantes evidentemente son los segundos, en específico el shale gas. El shale o lutita es una roca generadora con hidrocarburos que se formaron hace millones de años, tienen poros extremadamente pequeños y ahí se encuentran los “preciados” hidrocarburos. Se requiere entonces la inyección de líquidos a miles de metros de profundidad y a mucha presión con agua para poder romper las rocas shale o lutitas, y así liberar el gas, ¿cuál es el destino de esa agua contaminada? El subsuelo, ¿a quién afecta? A todo aquel y aquella que consuma esa agua, ser humano, animal o planta, ¿qué causa? Malformaciones genéticas y enfermedades graves como cáncer.
Por lo anterior es urgente que la ciudadanía mexicana comprenda los pasos requeridos para llevar a cabo este método de extracción, dados sus riesgos para la salud y el medio ambiente, sí el gobierno federal mexicano quiere empezar a “empeñar” nuestro territorio ahora a través del fracking, estaría al menos obligado a realizar una consulta general previa e informada que difunda las experiencias anteriores (incluidas las consecuencias que tuvo para el pueblo argentino, en particular el mapuche y por qué está prohibido en todo el territorio del norte global, a pesar que las propias transnacionales del mismo norte global sí ejecutan esta actividad en el territorio del sur global).
Conforme a lo referido en el libro antes citado, el proceso de fracturación hidráulica es: 1) perforación de los pozos atravesando formaciones de agua dulce y aislándolas mediante cañerías de acero sostenidas a las paredes del pozo con cemento; 2) se perfora hasta llegar al Kick off point (a casi 2000 m de profundidad), en el cual la perforación deja de ser vertical; 3) La perforación se dirige a la formación de shale; 4) se introduce otra cañería hasta el final del pozo y se inyecta cemento; 5) se punza la cañería para permitir la comunicación con la formación rocosa, las explosiones abren agujeros en la cañería, penetrando la cementación y la formación rocosa; 6) se fractura la roca, se inyectan grandes volúmenes de agua de alta presión con arena y productos químicos, que buscan salida a través de los punzados y hacen que la roca se fracture en millones de partes; 7) los hidrocarburos circulan al pozo y de ahí se extraen a la superficie. Al disminuir la presión de los equipos de bombeo, el gas y el petróleo así liberado sale a la superficie arrastrando con ellos gran parte de los fluidos inyectados; y, 9) se purgan todos los fluidos hasta obtener puro gas y petróleo para posteriormente enviarlo a las plantas de procesamiento.
Finalmente, los líquidos tóxicos de todo este proceso son liberados de nueva cuenta al medio ambiente, todo ello por un pozo cuyo rendimiento no es mayor a 6 años, después del primer año la producción suele caer hasta un 70%. En la segunda parte de esta entrega profundizaré en la experiencia argentina que enfrentó al pueblo mapuche con las transnacionales antes citadas, provocando ecocidio, etnocidio y malformaciones genéticas, además de cáncer y otras afectaciones a la salud.